GENEALOGÍA DE MIS APELLIDOS I | POEMARIO Y MÁS DE JUAN DE PADURA | POEMARIO | ALBUM DE FOTOS | Enlaces | RECETARIO | GENEALOGÍA DE MIS APELLIDOS II | EL DR. D. GREGORIO MARAÑÓN
 
EL DR. D. GREGORIO MARAÑÓN
 
 
EN EL XL ANIVERSARIO DE LA MUERTE
DEL DR. D. GREGORIO MARAÑON

APUNTES BIOGRAFICOS. SU PENSAMIENTO

INTRODUCCION



“Llega uno a él como a esos parajes gratos donde es bueno reposar. Desde él se ve el mar y el día
azul está sobre nosotros,
fijo, seguro que no nos va a dejar .
¿Es un pino-hombre el que nos habla, arraigado firmemente, con nidos en su copa?. Ahora, de pronto –tal es su
realidad- no
sabemos si la imagen es real o pintada por un gran pintor exaltador de lo real, realidad doble.
Asepsia y poesía se han hecho aquí suelo firme y hermosura de vivir –maravilloso encerramiento de ambas
en una jaula de libertad-.
Es como si las dos –anverso y reverso de una medalla de oro- se diesen a gusto generosamente, en salud y paz.
Entonces, después de haber bebido un sorbo de agua clara y fresca en el manantial que está en el pino, con la
seguridad de
que está allí Minerva, seguimos el camino, una flor en la mano, una flor suya, cantando jubilosos que, a veces,
la naturaleza
se complace en amar lo natural de toda en ella en un tipo o muestra. Tipo, muestra, ejemplo de lo natural mejor, de lo completo
suficiente, este Gregorio Marañón hombre pino”

Juan Ramón Jiménez



Marañón hombre-pino o como el mismo se autocalificaba “trapero del tiempo”. Don Gregorio Marañón,
sin duda una de las figuras
intelectuales más importantes y especiales de la España del siglo XX. Su obra como médico, historiador,
literato y moralista,
término éste último no de su gusto pero evidente, está realizada con la diáfana sencillez
de los grandes maestros. Su vida,
dibujada en tiempos tormentosos, fue ejemplo de españolidad, de bonhomía y de compromiso. Recordar a los grandes
personajes
de la cultura es obligado cíclicamente, pues otorga al que lo hace la oportunidad de profundizar en conocimientos o
descubrir
nuevos caminos para llegar a ellos, siempre desde la humildad y la perseverancia.
Hay, todavía, mucha obra de Marañón descatalogada y objeto de recuperación. El eje de la Memoria
que presento es un artículo,
prácticamente inédito, escrito por Don Gregorio en 1945 con motivo del XXV aniversario de la Hemeroteca Municipal
de Madrid,
su título: ”Dos monólogos sobre la Prensa y la Cultura”. La brillantez, delicadeza y altura intelectual
del ilustre médico
quedan patentes en éste corto escrito, siendo su análisis de apasionante y, en ocasiones, complicada interpretación.
La, denominada por Marañón, “generación de la preguerra”, tuvo una importancia en España
mucho más decisiva que otras generaciones
más renombradas. Heredera del “victimismo” del 98, surgió impetuosa , optimista, plena de ideas, de
sueños y de grandes nombres.
Fueron los nacidos durante la Restauración los que compusieron un país que miraba al futuro con alegría
y que creía, con fundamento,
en un porvenir grato y europeo para la España naciente del siglo XX. Pero los sucesos acontecidos en nuestro país
durante
varias décadas dieron al traste con muchas de las voluntades de aquellos hombres, y ha habido que esperar al último
cuarto
de la centuria para que algunas de las expectativas que ellos tenían se hayan visto cumplidas.
El recorrido que emprendo por la vida de Gregorio Marañón y la aproximación a su pensamiento, pretende
ser un reconocimiento
a todas esas personas que iniciaron un camino de tolerancia, cultura y libertad, que vieron truncadas sus ilusiones con la
guerra civil y que fueron dolorosamente silenciadas durante cuarenta años. Ese camino propuesto por ellos, hoy lo disfrutamos
en la España del siglo XXI, ya europea y avanzada; con problemas, sí, pero vividos en libertad.

Como defino en el Indice, comenzaré con unos apuntes biográficos, las influencias y las aportaciones científicas
y humanistas
de Marañón, para, posteriormente, comentar la faceta marañoniana de publicista con la enumeración
de los artículos publicados
por ABC; seguiré con el análisis del mencionado escrito de la Hemeroteca , profundizando en la opinión
que sobre la Prensa
y la Cultura tenía Don Gregorio. La Memoria finalizará con un breve epílogo que remarque la importancia
que tuvo el insigne
profesor en la cultura y la ciencia española del siglo XX.

APUNTES BIOGRAFICOS

INFANCIA Y ADOLESCENCIA
Gregorio Marañón y Posadillo nació en Madrid, en ese Madrid postinero de la Restauración. Era
el 19 de mayo de 1887, cuando
acompañado por un gemelo, Luis, que moriría meses más tarde, vió la luz en la calle de Olózabal,
junto al paseo de Recoletos.
A Marañón le tocó la muerte desde niño, tres años más tarde le dejaba su madre,
hecho, que, probablemente, convirtiera a Gregorio
en un personaje tímido, huidizo y metido en sí mismo. La biblioteca paterna se abrió ante él como
un mundo mágico y lleno
de preguntas sin respuestas aparentes. Leyó, infante, a los clásicos griegos, a Shakespeare, la maravillosa
“Historia de
Roma” de Tommsen, libro que le haría sentir las pasiones de lo inabarcable de la Historia. Vivió un mundo
de introversión
cultural, acaso dominado por esa salvaje exclusión materna.
Los veranos los pasaba en Santander, ciudad hermosa y cuna de su padre, el prestigioso abogado Don Manuel Marañón
y Gómez-Acebo;
tuvo la suerte de relacionarse con Menéndez Pelayo, Pereda y Galdós desde niño. En Menéndez Pelayo
y España afirma Marañón:
“De los beneficios que debo a aquellas mis relaciones infantiles, ninguno puede compararse al ejemplo de aquel espectáculo
de tolerancia tan leal y ejercido por tan insignes maestros... Cuando con esa gravedad, inconsciente pero certera, de los
niños buscaba yo la compañía de los grandes hombres que el destino me había deparado cerca de
mí, no me daba cuenta que este
supremo gesto de tolerancia era la gran lección que aprendía de ellos”.
El médico en ciernes estudió el bachillerato en el colegio de San Miguel, en un edificio de la actual calle
Marqués de Valdeiglesias;
su familia, tras la muerte de la madre, se había trasladado a un piso en la calle Lista nº 3. Del tiempo colegial
nació la
amistad profunda y duradera con
Miguel Moya, hermano de la que sería su mujer e inseparable compañera Lola.
Terminó los estudios en 1902, iniciando la carrera de Medicina en el colegio de San Carlos. No sabemos cuando o de
qué manera
sintió la vocación médica Marañón, acaso no estuviera muy seguro de ello al principio tal
y como denotan estas palabras: “
Hemos de elegir nuestra profesión o destino social en una edad en que la vocación, que es, en su fondo biológico,
aptitud,
no ha madurado todavía. Salvo casos rarísimos, geniales de vocación pura, precoz e invencible, la mayoría
de los hombres,
en plena nebulosidad de la adolescencia..., hemos de decidir nuestro futuro social sin otra razón de peso que la de
que somos
bachilleres en junio y antes del próximo octubre hemos de estar matriculados en esta o en la otra
Escuela superior, taller o Facultad... Y decide nuestro porvenir el consejo de cualquiera o la simple imitación a
un amigo,
o la tradición familiar, o el mandato del padre o cualquier otro motivo no menos impregnado de azar y no menos ajeno
a la
genuina vocación, aún dormida” ( En Vocación y Etica de Austral nº 661).
Sea como fuere no parece Marañón, en ninguno de sus escritos autobiográficos, proclive a la nostalgia,
aunque sí recuerda
con cariño y expresiva afectividad los años de la Restauración y de la Regencia,
considerándolos como una especie de paraíso perdido.


LOS ESTUDIOS DE MEDICINA

Tuviera Marañón muy asumida su vocación o no, pronto se entusiasmaría con el incipiente estudio
de la Medicina. Su primer
profesor,
Federico Olóriz, impartía clases de Anatomía y le inició en la investigación endocrinológica,
proponiéndole un tema sobre
el aparato paratiroideo del hombre. Para realizar el trabajo tuvo que recurrir a la Histología y en aquellos obscuros
laboratorios
conoció a su segundo gran maestro: Don Santiago Ramón y Cajal. De él, en un discurso necrológico
leído en la Real Academia
de Medicina en 1934, diría : “Cuando de muchachos entrábamos en la Facultad de Medicina el conocer de cerca
a Cajal era una
de las grandes emociones que nos deparaba la novatada escolar. En efecto, el primer día de clase, en un aula abarrotada
y
obscura, apenas iluminada por luz de patio a través de cristales que nadie lavó nunca, aparecía el maestro
con su aire distraído
y bondadoso, y ante la expectación religiosa de todos, recitaba su primera lección. Satisfecha la curiosidad,
la grey estudiantil
se dispersaba. La clase de Histología, ya medio llena o casi vacía, era desde entonces una clase más.
Y sin embargo, al cabo
de los años, nos enterábamos de que Cajal era un prodigioso maestro elemental”.
Ramón y Cajal supuso para Marañón un elemento decisivo en su vocación médica y en su formación
científica y humana. La pasión
por la investigación, siempre presente en Don Gregorio, fue, sin duda, imbuida por Cajal.
Dos profesores influyeron poderosamente en la trayectoria de Gregorio Marañón como máximo exponente de
la Medicina Interna;
fueron Juan Madinaveitia y Alonso Sañudo. Del primero recordaba Marañón el rigor y la severidad en el
trabajo, del segundo
su apasionamiento por la enseñanza médica. De ellos aprendió la constancia y el amor hacia el trabajo
bien hecho.

El profesor de Patología quirúrgica de San Carlos era Don Alejandro San Martín, por el que el estudiante
Marañón sentía verdadera
veneración. De la mano de San Martín, iría el futuro médico desgranando y entendiendo la difícil
fisiopatología humana.
Terminó la carrera en 1908; la Real Academia de Medicina, le concedió, ese mismo año el Premio “Martinez
Molina”, con un montante
de 2.561 pesetas. El anterior premiado, en 1904, había sido Don Santiago Ramón y Cajal.
Los años universitarios también darían a Gregorio Marañón la oportunidad de conocer el
amor. Muy claro lo tenía el genial
galeno: “El amor –decía- es sólo una forma de la amistad entre dos personas de distinto sexo, que
confina al sur con el instinto
y al norte con la literatura”. De aquellos tiempos es el inicio de la relación que mantuvo con Lola Moya, la hermana
de su
mejor amigo. En ella encontró: “Compañera en mi vida de viajes y en el viaje de mi vida”, tal y como
la definió con amorosa
candidez él mismo. Se casaron en 1912, trasladándose a vivir a un piso de la calle Marqués de Villamejor,
lugar en donde Marañón
instaló su primera consulta privada


MARAÑÓN Y EL COMPROMISO POLÍTICO-SOCIAL


La personalidad afable, comprometida con los enfermos, vinculada estrechamente a la historia y a los problemas de su país,
que tenía Don Gregorio Marañón, le hizo involucrarse con todas sus consecuencias en la política
española. Esta vinculación,
iniciada en tiempos de Alfonso XIII, duraría hasta la II República y la Guerra Civil, cuando decide apartarse
y,
posteriormente, exiliarse en París. No obstante, de regreso en España y hasta su muerte, siempre abogó
por la libertad, la
tolerancia y el ejercicio de los derechos humanos por parte de los pueblos.
En junio de 1922 el Rey le propuso un viaje a las Hurdes, para conocer, “in situ”, la verdadera situación
de aquella abandonada
comarca española. Dicho viaje quedó grabado para siempre en la memoria del Doctor, que pensaba para España
la conveniencia
de poseer una monarquía constitucional, tipo las nórdicas o la británica. En ello veía la solución
a los muchos problemas
de convivencia y de desarrollo que padecía su país. Estas ideas fueron progresivamente cambiando, hasta llegar
a situarlas
en bases francamente republicanas.
Antes del famoso viaje a Extremadura, ya se había expresado Marañón con rotundidad en temas como la mendicidad,
la pobreza
o el
hambre, ejemplos son sus artículos publicados entre 1919 y 1921 en El Siglo Médico y en El Liberal. Sin embargo
en ese recorrido
con Su Majestad el rey Alfonso XIII, sintió la necesidad de un profundo cambio social en España, aunque en esos
momentos creía
en la voluntad de una monarquía regeneradora, que, no por el Rey, no existía realmente.
La llegada de la Dictadura de Primo de Rivera, supuso la primera actuación puramente política de Gregorio Marañón,
al ponerse
desde sus principios claramente en contra. Dos circunstancias justificaron su toma de posición: los recortes a la libertad
pública y privada y el poco reconocimiento que la Dictadura dispensó a la inteligencia.
Se le acusó a Marañón de haber participado en la “Sanjuanada”, circunstancia negada por él,
pero que le condujo a la Cárcel
Modelo de Madrid, en la que estuvo preso un mes, además de pagar una elevada multa

de 100.000 pesetas. Tal era la talla personal de Don Gregorio que años más tarde comentaría en una conversación
con Marino
Gómez Santos:
- Aunque fui acusado de haber tomado parte en aquella famosa conspiración no tuve nada que ver en ella. Un buen liberal
es
incapaz de conspirar, ni aun contra una Dictadura y yo estaba convencido de que ya las conspiraciones no eran posibles porque
se habían acabado los verdaderos conspiradores. Yo he escrito en alguna parte que los que intentaban conspirar eran
generales,
ex ministros, o aspirantes a ministros, desocupados, que se creían inquietos. Yo, por mi buena suerte, no era nada
de esas
cosas.
- Pero, no obstante, Primo de Rivera le encarceló
- Sí, me metió en la cárcel y me puso una multa fiera. Después,
un buen día, resultó uno de los más buenos amigos míos. El general Primo de Rivera fue un hombre
nobilísimo. Había sido amigo
mío antes pues lo era también de mi suegro Don Miguel Moya. Y con anterioridad a la Dictadura fui, con él,
padrino de un duelo
que no llegó a verificarse, porque lo arreglamos los padrinos...
En el diccionario moral del Doctor Marañón no existía la palabra rencor.
En 1929 Don Gregorio se declara republicano y en febrero de 1930 firma, junto a Ortega y Pérez de Ayala el manifiesto
de la
Asociación al Servicio de la República. Su única actuación política fue un mitin en Segovia
en marzo de 1931; más conocida
resultó ser la entrevista que, en su casa, celebraron el conde de Romanones y Alcalá Zamora para decidir la
salida del país
de Alfonso XIII el 14 de abril. Ese mismo día ondeaba la bandera tricolor en el mástil del Palacio de Telecomunicaciones
y
una muchedumbre enfervorizada llenaba las calles de Madrid.
Gregorio Marañón, socialmente comprometido, Gregorio Marañón, postulando por la República,
Gregorio Marañón, diputado, sin
embargo, siempre, en todos los momentos de su vida, Gregorio Marañón, médico.
Muchos le acusaron de no defender la República a capa y espada, de no intervenir en las Cortes, de olvidar su compromiso
político,
mas no pensaban que lo que en principio era para él la República, y también para Ortega y Pérez
de Ayala, pronto se convirtió
en desgobierno anticlerical e incívico. Un mes después del advenimiento republicano, Madrid era sometido a una
oleada de incendios
en conventos e instituciones religiosas, Ortega, Marañón y Pérez de Ayala firmaban un documento lapidario:

“ Quemar, pues, conventos e iglesias, no demuestra ni verdadero celo republicano ni espíritu de avanzada, sino
más bien un
fetichismo primitivo o criminal que lleva lo mismo a adorar las cosas materiales que a destruirlas. El hecho repugnante avisa
del único peligro grande y efectivo que para la República existe: que no acierte a desprenderse de las formas
y las retóricas
de una arcaica democracia en vez de asentarse desde luego e inexorablemente en un estilo de nueva democracia. Inspirados por
ésta, no hubieran quemado los edificios, sino que más bien se habrían propuesto utilizarlos para fines
sociales. La imagen
de la España incendiaria, la España del fuego inquisitorial, les había impedido si fuesen hombres de
ésta hora, recaer en
esos estúpidos usos crematorios”
Marañón revisará su ideario republicano, sus conceptos políticos. Contemplará con dolorosa
percepción el inicio de la Guerra
Civil española y emprenderá un exilio de seis años, que le conducirá a amar más, si cabe,
España.

EL EXILIO Y SU ULTIMA ETAPA

Don Gregorio ayudará a escapar de las checas madrileñas a Serrano Suñer. Su talante liberal chocará
frontalmente ante el
fundamentalismo extremista de las dos Españas, y Marañón emprenderá la aventura del exilio saliendo
hacia Francia desde el
puerto de Alicante en 1937.
Marañón vivió en París la lejanía de su Patria, dedicándose, casi por completo,
al estudio y a la escritura. Su figura, mundialmente
reconocida, es de obligada presencia en todos los círculos intelectuales de la capital francesa.
En ése largo periodo realizará dos viajes a América del Sur, el primero en 1937 y el segundo dos años
más tarde. A la vuelta
de éste último diría: “El español que ha estado en América incorpora para
siempre a su corazón un elemento perdurable, que es la nostalgia de América... Al volver a poner pie en el suelo
de Europa,
el recuerdo americano se transforma en un ideal, y en ese instante mismo nace la irremediable nostalgia de América,
que no
nos abandonará jamás”
Mas no sólo es estudio la vida parisina del profesor. En junio de 1940, ve, con triste asombro, como las tropas alemanas
entran
en París. Para un liberal, el auge y victoria de los totalitarismos suponía un duro golpe difícil de
encajar.
En el desfile militar de los alemanes por los Campos Elíseos, toda la ciudadanía de París escondida en
sus casas con las ventanas
cerradas, sólo dos personas lo contemplan en la plaza de la Concordia, son Gregorio Marañón y su amigo
Teófilo Hernando, dos
amantes de la libertad observando, adustos, la exaltación de la intolerancia.

Un viaje-relámpago realizó Marañón a España antes de su vuelta definitiva en septiembre
de 1943. Es permitida su entrada en
el país en 1941 para que trate a su hija Carmen, enferma. Aprovechó para nutrirse durante breve tiempo de espíritu
toledano
en su amado “Cigarral”.
Su retorno a España levanta enorme expectación, así como el primer contacto con el público en
una conferencia en el Paraninfo
de la Universidad de Madrid.
Gregorio Marañón, único español que ha pertenecido como miembro numerario a cinco Academias: Española,
Historia, Bellas Artes,
Ciencias y Medicina, dedica los últimos años de su vida a la enseñanza, al ejercicio profesional y a
proseguir con su ingente
labor creadora. Doctor Honoris Causa de varias universidades europeas y americanas, perteneciente a las más insignes
sociedades
médicas del mundo, intelectual global y completo, profundamente humano, Gregorio Marañón quiso que en
su esquela figurara
exclusivamente la palabra “médico”. Es la humildad del hombre verdaderamente inteligente, de la evidente
grandeza, de esas
contadas personas que, al final de su vida, pueden llegar a ser llamadas, con total certidumbre, “Grandes Hombres”
.
Murió Marañón el 27 de marzo de 1960. Una multitud silenciosa siguió su cadáver, abarrotando
las calles madrileñas en una
lluviosa e inclemente tarde. De él escribió Dionisio Ridruejo: “Ha estado con todos y para todos, sin regateos
ni tacañerías;
y si puede decirse que ha estado pródigo, derramado, ofrecido, nadie podrá decir que haya aceptado jamás
presión o conformidad
externa, que haya soportado librea o disfraz, ni haya disimulado en ningún momento, al hombre hecho desde sí
mismo, al genuino
e invariable rector de su propia conducta” (Un liberal. Madrid 1960).

INFLUENCIAS

La vida de Gregorio Marañón, y, obviamente, su obra, estuvo marcada por la influencia de grandes personalidades
que, desde
niño, tuvo la suerte o la oportunidad de conocer. En la relación que presento no estarán todos, pero
sí los que más incidieron
en el pensamiento del genial médico. El primero de esa lista, sin ningún tipo de duda, fue su padre.
“En el fecundo mundo intelectual de Santander en que creció don Marcelino –cita Marañón- ,
era también mi padre figura destacada.
Hombre de entusiasmos impetuosos, de enorme capacidad de trabajo y de palabra nobilísima, figuraba en primera línea
entre
las grandes esperanzas de aquella animosa generación” (Menéndez y Pelayo y España, Austral)
En el caso del Doctor Marañón, él mismo reconoce que durante toda su vida tuvo la enorme facilidad para
convertirse en un
momento de maestro en discípulo, tal era su afán por aprender; por ello, dividir éste capítulo
en etapas o en compartimentos
estanco, pudiera no ajustarse a la realidad, pero no deja de ser más sintáctico.

CIENTIFICAS

· Primera Etapa.

Son los inicios de la carrera médica de Marañón. En esos momentos primordiales cinco profesores le forman
en las asignaturas
fundamentales de la Medicina, son: Olóriz, Madinaveitia, Cajal, Sañudo y San Martín, ya referidos anteriormente
al recordar
los estudios universitarios de Gregorio Marañón. En un viaje a Alemania conoce a Paul Ehrlich (Strehlen, 1854-Bad
Homburg,
1915) creador del término “quimioterapia” y descubridor del arsobenceno o “Salvarsán”, medicamento
utilizado en el tratamiento
de la sífilis hasta el advenimiento de los antibióticos. Ehrlich premio Nobel de Medicina en 1908 junto al microbiólogo
ruso
Ilia Mechnikow, fue un gran fisiólogo que dedicó gran parte de sus esfuerzos al estudio de la inmunidad y los
mecanismos inmunitarios.

La medicina, en general todas las ciencias, sufrió grandes cambios y descubrimientos durante la segunda mitad del siglo
XIX
y los principios del XX. No podemos olvidar a Claude Bernard (Saint Julien 1813- Paris 1878), quien reveló la inervación
vasomotora
y expuso su concepto de “secreción interna”,basado en los trabajos realizados sobre la secreción salival,la
digestión pancreática
o la función glicogénica del
hígado. Tampoco a Jean Martin Charcot (Paris, 1825-lago Settons, 1893) cuya labor clínica en el hospital de
la Salpêtrière
fue formidable y contribuyó decisivamente al desarrollo de la neurología; ni a su discípulo, Pierre Marie
(Paris, 1853- Cannes,
1940), quien describió diversas enfermedades como por ejemplo la acromegalia.
Junto a Camillo Golgi, recogió Cajal el premio Nobel de Medicina en 1906. Ese hecho influyó poderosamente en
Gregorio Marañón
al ver que los esfuerzos desarrollados en España en el campo de la investigación, con pocos medios y menos historia
científica,
eran reconocidos internacionalmente.


· Segunda Etapa

Marañón está ya asentado en la vida científica europea y desarrolla su labor profesional como
clínico y como estudioso de
la endocrinología fundamentalmente. Tras una epidemia de gripe, es enviado a Francia por el gobierno español
en donde conoce
a Babinski, Cushing y Fleming. Un año después, en 1919, publica La edad crítica, libro fundamental en
su bibliografía.
En el año 1921, el doctor Marañón compra el “Cigarral de Menores”, en Toledo, ésta circunstancia
cambiaría su vida. En su
refugio toledano escribiría la mayor parte de su obra, y por él pasarían los personajes más importantes
de su tiempo.
La conciencia generacional de don Gregorio queda descrita perfectamente con las referencias que hace de sus colegas españoles;
cita con mucha frecuencia a Achúcarro, Salvador Pascual, a su gran amigo y coautor del insuperable Tratado de Medicina
Interna,
Teófilo Hernando, Goyanes, Lafora, y en menor medida a Río-Hortega, Pi y Suñer, con quien sin embargo
compartió muchas horas
en el Cigarral, Urrutia y otros. De esa, su generación médica española comenta: “Cuando mi generación
empezó a trabajar en
sentido moderno, estábamos en la situación de Robinsón Crusoe, que tuvo que ser albañil, cazador,
cocinero, maestro y público
de sí mismo. Si los que vienen detrás pueden tocar un solo instrumento y afinarlo hasta la perfección,
para bien de la ciencia,
algo nos tocará a nosotros de su mérito”.
Sin abandonar nunca su labor clínica e investigadora, la época que transcurre entre 1922 y 1936, será
para Marañón un tiempo
de politización, sobre todo interna, (se le achacó que, mientras fue diputado, nunca Intervino en el Congreso)
pero también
comprometida con la realidad española.
En 1931 invita al Cigarral a Mme. Curie, doble premio Nobel de
Física en 1903 y de Química en 1911. Don Gregorio admiraba profundamente a la científica. Prueba de ello
son las líneas que
le dedica en un trabajo periodístico: “Delgada y pálida, vestida de negro, sin un solo adorno, tocada de
un sombrerillo leve,
al ponerse en pie ha oscurecido todos los esplendores del teatro con la doble gloria que le circunda, la del hombre inmortal
que compartió con ella la vida y la investigación, y la de su propia obra...Ha hablado cinco minutos tan sólo,
con una voz
delicada y dulce, pero segura, sin una contracción en su rostro, sin más que una leve y amable acción
de sus manos, llena
de modestia y a la vez de firmeza, como si hablara desde arriba, , segura de la única superioridad que todos acatan...”
Este
brillante párrafo lo escribe Marañón en 1919, con motivo de un Congreso de Medicina celebrado en Madrid.


· Tercera Etapa.

Podríamos definirla como la desarrollada desde su vuelta del exilio hasta su muerte. En ella Marañón
será, fundamentalmente,
médico y profesor. Ello no es óbice para que siga completamente al día en las nuevas investigaciones
médicas y científicas
y para que su figura, dentro del campo de la endocrinología, sea de talla mundial. (ver Su aportación científica
dentro de
éste mismo trabajo)

HUMANAS

Decir que Don Gregorio Marañón conoció a lo más granado de la época, desde un punto de
vista político, científico o artístico,
no es una exageración.
El mundo de Galdós, que le descubrió Toledo, fue el nexo de unión con una época por la que el
Doctor sintió verdadera veneración.
La muerte de Don Benito, en 1920, supuso para él un duro golpe. Galdós, fue, sin ninguna duda, una de las personas
que más
influyeron en Gregorio Marañón. Pero además, mantuvo grandes relaciones con Pereda, Clarín, Menéndez
Pelayo y Cánovas en una
primera época, más tarde con Unamuno, Azorín, Menéndez Pidal, Valle Inclán, Zuloaga, Falla,
Machado y Baroja, y, por supuesto,
con el grupo de los intelectuales de su generación: Ortega y Gasset, Eugenio d’Ors, su amigo del alma Ramón
Perez de Ayala,
Rey Pastor, Blas Cabrera, Gabriel Miró, Manuel Azaña, Angel Herrera Oria, Américo Castro y Salvador de
Madariaga.
También pasaron por el Cigarral, hombres de la generación del 27, tal es el caso de García Lorca, quien
leyó en la finca Bodas
de Sangre, Aleixandre o Cossío, toreros como Juan Belmonte y políticos de la talla de Churchil, Herriot o los
españoles de
los Rios, conde de Romanones, y el ya mencionado Manuel Azaña. Y, por supuesto, médicos, compañeros y
alumnos suyos, gozaron
de los inigualables crepúsculos toledanos, comentados y sentidos por Gregorio Marañón.
Fueron muchas las personalidades que compartieron días muy gratos en el Cigarral de Don Gregorio Marañón;
días plenos de inteligencia
y de entretenimiento. Vivencias irrepetibles que conformaron el carácter, el pensamiento y la vida del genial médico.


SU APORTACION CIENTIFICA
Es importantísima la aportación científica realizada por Don Gregorio. Han pasado cuarenta años
y muchos de sus términos se
siguen empleando en la actualidad, como es el caso del “signo de Marañón” del hipertiroidismo o el
“síndrome de Marañón” caracterizado
por padecer el paciente escoliosis, pie plano, alteraciones medulares e insuficiencia ovárica. También permanecen
sus descripciones
sobre la “mano hipogenital” o el “síndrome ABD” (adiposidad, Basedow, distermia). Descubrió
la sensibilidad especial que tienen
los pacientes addisonianos por la insulina, y elaboró estudios muy precisos acerca del bocio, el cretinismo y las glándulas
suprarrenales. Veamos lo más característico de su obra científica:
1915. “La doctrina de las secreciones internas”
1917. “Manual de Medicina Interna” *
1926. “Gordos y Flacos”
1926 “Tres ensayos sobre la vida sexual”
1927 “El bocio y el cretinismo”
1927 ”El problema de las frebículas”
1928 “El problema de las aortitis”
1929 “Los estados intersexuales en la especie humana”
1929. “Los accidentes graves de la enfermedad de Addison”
1929. “El problema social de la infección”
1929. “Amor, conveniencia y eugenesia”
1930. “Endocrinología”
1940. “Don Juan”
1931 “Estudios de fisiopatología sexual”
25
1933 “Once lecciones sobre reumatismo”
1935 “Ginecología endocrina”
1935 “Veinticinco años de labor”
1937 “Los problemas clínicos de los casos fáciles”
1937 “El climaterio de la mujer y del hombre”
1946 “Manual de dianóstico etiológico”
1952 “El médico y su ejercicio profesional en nuestro tiempo”
(*. En colaboración con D.Teófilo Hernando)

No me quiero extender más en lo que se puede considerar como “obra reciente” de Don Gregorio Marañón,
pues haría el trabajo
interminable y, además, no es el objeto de la presente memoria, pero sí referiré que la labor escrita
de carácter científico
del doctor es enorme y de obligado estudio para los médicos que quieran profundizar en el campo de la endocrinología
o, simplemente,
del conocimiento del hombre.

LA VOCACION HUMANISTA

La “otra vocación” de Marañón, fue su pasión por el ensayo y por la Historia. Su acercamiento
al estudio de ésta última lo
realizó en principio sin prescindir del punto de vista médico, “diagnosticando” al personaje histórico
estudiado; sometiéndolo
a su ojo clínico y a su método científico; es el caso de “Ensayo biológico sobre Enrique
IV de Castilla y su tiempo” (1930)
y de “Amiel. Un estudio sobre la timidez” (1932). Su obra posterior, aunque muy cercana en el tiempo, es más
ortodoxa desde
el punto de vista historiográfico,
pero sin perder un ápice de frescura y con todo el rigor del científico que escudriña los aconteceres
del ser humano.
De ella destacaría:
1933. “Raíz y decoro de España”
1934. “Las ideas biológicas del Padre Feijoo”
1936. “Vocación y Etica”
1936. “El Conde-Duque de Olivares. La pasión de mandar”
1939. “ Tiberio. Historia de un resentimiento”
1947. “Antonio Pérez”
1957. “El Greco y Toledo”
Don Gregorio Marañón y Posadillo ingresó en la Real Academia Española en 1933, (sólo un
año antes había ingresado Don Miguel
de Unamuno), y ocupó la silla K 12. Ya se ha citado en otra parte del trabajo el compromiso político y social
que adquirió
el Doctor. Esa faceta, junto con la labor de historiador, literaria y científica, componen la base de esa gran figura
humana
e intelectual que fue Gregorio Marañón.

MARAÑÓN PUBLICISTA



En éste capítulo trataremos, para facilitar próximos estudios sobre la figura de Don Gregorio Marañón,
su colaboración como
publicista en ABC, entendiendo el término en el sentido de "cooperador"; no así en otros periódicos
y revistas debido
al numeroso volumen de artículos publicados. Marañón ofreció su opinión en muchos diarios
españoles y extranjeros. Son más
de cuatrocientos los escritos, científicos o no, que se conservan del Doctor. Publicó muchos en el Siglo Médico,
también en
el Sol, La Nación, el Imparcial etc.
Marañón tenía una enorme capacidad de aprovechamiento del tiempo. El decía que porque no iba a
tertulias, pero la verdad es
que dormía poco y su capacidad de trabajo era casi inhumana. Se definía como "un trapero del tiempo";
la perfecta
atención a su consulta y a sus enfermos, su comprometido magisterio,
su idealismo político y su creación histórica, literaria y científica ocupaban sus horas con provecho
verdaderamente milagroso.

En la relación de artículos publicados por ABC, se observan gran variedad de temas. Desde 1930 hasta 1947, no
existe ninguna
publicación, hay una laguna justificada por los años republicanos, de guerra y de exilio, así como esa
primera época, recién
llegado a España, y dedicado, en un principio, casi exclusivamente a la medicina.
El último artículo que, él aún vivo, vió la luz, fué "Poeta cuyos versos se
recuerdan". Al Dr. Marañón le producía
cierto rubor su poesía, por lo que no es muy conocida, pero su sensibilidad queda fuera de toda duda al rememorar alguno
de
sus versos:
"El cielo era un esmalte transparente
como lo soñaría Garcilaso,
con el mismo rumor, de leve raso,
en la taza labrada de la fuente
Al fondo la ciudad resplandeciente
en la postrera lumbre del ocaso,
y el silencio que viene paso a paso,
preñado de misterios del Oriente.

Y de repente empieza a hablar el río
¿Es un canto de amor o de venganza?
¿Es un mítico anhelo de esperanza?
¿O es un lamento de vejez y hastío?
¿O es la amarga nostalgia de la gloria?
¿O es la voz inaudible de la historia?
Y de repente empieza a hablar el río
FECHA ARTICULO

08-06-1927 La lección de Lindbergh

16-08-1927 Sobre el papel del médico moderno

30-10-1927 ¿Es así Don Juan? (Notable cuadro del pintor
Elías Salaverría)

06-01-1928 Las Hurdes en la Universidad Francesa

18-04-1928 Nuevo y Eterno (El tema del amor)

01-08-1928 Mi Promoción (El ritmo de esta hora)

14-06-1929 Un libro de Ciencia

29-12-1929 La Medicina en 1929

28-12-1930 La Medicina en 1930

25-10-1947 El Profesor Houssay, Premio Nobel

12-03-1950 La frontera en el mar

07-09-1951 El Doctor Voronof

FECHA ARTICULO

03-02-1952 La pasión sobre Ferrán

04-05-1952 El claro maestro

25-01-1953 La Enseñanza en el Mundo Actual

18-04-1954 La Magia de las Tinieblas

01-08-1954 Cartas, Humanismo, Transigencia

16-10-1955 La Ruta de los Foramontanos (Prólogo
del libro de Victor de la Serna "Nuevo Viaje de España)

19-10-1955 Universidad y Retórica en Ortega

17-09-1957 Drogas nuevas

02-07-1958 Benigno Vega y Hunthington

26-11-1958 Clásico y Juvenil

13-03-1959 El Magisterio de Don Ramón

01-07-1959 Poeta cuyos versos se recuerdan

FECHA ARTICULO
19-05-1987 Legítimo maestro (75 años de Menéndez Pelayo)

14-12-1987 Carta a Pedro Sainz Rodriguez

11-02-1989 Yo, amigos míos, creo profundamente (Europa)

20-07-1991 Carta a Pemán

DOS MONOLOGOS SOBRE LA PRENSA Y LA CULTURA


En este artículo poco conocido de Marañón, se expone la opinión que como intelectual, tenía
el insigne médico sobre la actuación
del periodismo en el desarrollo cultural de la época. Don Gregorio juega, en un diálogo imaginario, con los
"pros y contras"
de la prensa. Es su faceta moralista y humana la que predomina en el escrito.
Entendiendo la dialéctica como un método que pasa de lo particular a lo general, es decir una forma inteligente
del arte de
dialogar, estos "dos monólogos"
suponen la antagonía entre la mera opinión y lo que es el conocimiento verdadero. Circunstancia reflejada en
los "Diálogos"
de Platón, y núcleo de su teoría filosófica. Marañón ejercita el razonamiento desde
esa perspectiva y logra unos resultados
verdaderamente brillantes.

El Dr. Aguinaga, en su trabajo "Aberraciones Periodísticas", se basa en las opiniones de Eugenio Montes,
José Ortega
y Gasset y el propio Gregorio Marañón, para demostrar las contradicciones de la Profesión Periodística
y la preocupación que
las reflexiones de los citados intelectuales deberían suscitar entre los periodistas, sujetos, en ocasiones, a vanidosas
glorificaciones.
Sugiere Don Enrique a los profesionales de la información, la autocrítica, el conocimiento y análisis
de las posibles aberraciones
del periodismo y una clara vocación hacia una profesión nueva poseedora de cierto carácter utópico
y revitalizador.

DOS MONOLOGOS SOBRE LA PRENSA Y LA CULTURA


"En la pequeña sala donde se guardan los periódicos, hablaban los dos hombres. Eran de la misma, exactamente
de la misma
edad, y parecidos como dos gotas de agua. Sólo se diferenciaban, y a veces se contradecían en el pensamiento.
Sobre una mesa
yacían los últimos números -todavía fragantes y ya marchitos- de los diarios de la ciudad. En
las estanterías se alineaban
los tomos de las colecciones diversas, viejas ya las de ayer."

El primer envite de Gregorio Marañón lo lanza sobre la instantaneidad de la noticia. En ese "todavía
fragantes y ya marchitos",
se evidencia una constante periodística: el enloquecido ritmo diario; el suceso más importante, pierde interés
a los cinco
minutos. Don Gregorio también presenta a los interlocutores. Es su propio pensamiento divagando entre la glorificación
y la
censura sobre la Prensa.

“Discutían los dos hombres sobre el significado del periódico en la cultura. Uno de ellos dijo de esta
manera:
-Para mí la cultura actual apenas debe nada a la Prensa. No tengo que advertir que yo no soy uno de los cerriles enemigos
que la Prensa tiene en todas partes. Pertenezco a una familia de periodistas, y sé lo que hay en ellos de abnegado,
de inteligente,
de generoso y de eficaz, bajo esa apariencia trazada con anécdotas pintorescas, pero intrascendentes, que se les ha
adjudicado
de gentes ligeras, inútiles para cosa más sustancial, con ribetes de picaresca. Yo mismo he sido, en los años
de hipomanía
juvenil, del oficio. He sentido ese orgasmo, que nos prende como un vicio, de encontrar por la mañana, impresas, las
cosas
que unas horas antes, en la noche, escribió la pluma apasionada. Y aún ahora, simple espectador de la tragicomedia,
en la
que más o menos fuí actor, gusto, de vez en cuando, de proseguir con lejanos lectores ése diálogo
singular del que sólo oímos
la propia voz y adivinamos la de ellos.

Ortega y Gasset lanza una diatriba parecida, que inicia con calculada malevolencia: "Yo no quisiera molestar en dosis
apreciable a los periodistas. Entre otros motivos porque tal vez yo no sea otra cosa que un periodista... (De Obras de José
Ortega y Gasset. Espasa-Calpe, en "Aberraciones Periodísticas". Dr. Enrique de Aguinaga).

El primer interlocutor sostiene en su discurso la teoría de la futilidad e intrascendencia de la Prensa y califica
de anecdóticos
los contenidos de los periódicos. Como una enfermedad juvenil rememora las vanidades cometidas cuando se dedicaba "al
oficio" ,que no profesión. Y continúa:


-Pero no me ciega la pasión, y creo que no se pueden negar los hechos siguientes: primero, que la Prensa diaria produce
en
el mundo de los lectores una tendencia excesiva a la acción, con detrimento de la meditación, lo cual es gravísimo.
Fíjate
que, en el fondo, el proceso de la cultura descansa en un equilibrio entre meditación, es decir, razón, y acción.
Los hombres
en verdad cultos, como los pueblos cultos, son aquellos cuya acción emana, serenamente, de un razonamiento. Si la acción
surge
de un instinto -la meditación suprimida- el hombre es un bruto; si la acción surge de una pasión -que
es la prolongación humana
del instinto, todavía teñida de animalidad- el hombre es un bárbaro. Ahora bien; la meditación
es una incubación, y requiere
necesariamente tiempo,
y no sólo tiempo en cantidad, sino libertad de tiempo; esto es, el tiempo que se necesite, poco o mucho, sin un ritmo
necesariamente
impuesto desde fuera. Lo contrario de ésto es el martilleo metódico, regular, que ejerce el periódico
sobre los espíritus.
La meditación es esencialmente aperiódica. La razón de un hombre actual está sometida al ritmo
inexorable de la noticia a
las ocho de la mañana y a las ocho de la noche. Hay grandes ciudades donde surgen los periódicos, atrozmente,
cada seis horas.
Este ritmo crea en el espíritu una poderosa, aunque ignorada sugestión por actuar de golpe, para la acción
sin meditación,
de un modo hipnótico, cual el que, en el salvaje de la tribu, produce el golpeteo uniforme del tamboril.

Hay que mencionar que Marañón se mueve en el terreno filosófico orteguiano, heredero de la escuela filosófica
de Baden. H.Cohen
fué maestro de Ortega y Gasset. Es el neokantismo; el término, acuñado en 1860, tiene por objeto volver
al criticismo de Kant,
opuesto a las interpretaciones idealistas de las corrientes filosóficas románticas.

Cuando el hombre actual escapa de la prisión de la vida cotidiana y se hace libre, es decir, cuando se encuentra a
sí mismo,
no encadenado a un ritmo, sino flotando en el Universo, como ocurre en los grandes viajes, en las largas enfermedades, en
la prisión o en el destierro, entonces se da cuenta de que el saber no es oír o leer cosas nuevas, sino trabajar
profundamente
cosas fundamentales, amásandolas, como la harina del pan, con el específico fermento de la meditación.
Y esta noble actividad
exige, para problemas mínimos, semanas enteras.

"Si buscando el hombre la verdad desde el fondo de su corazón, no quiere desviarse del camino, debe volver sobre
sí mismo
los ojos de su mente y replegar su propio espíritu con amplio movimiento, a fin de comprender que todo lo que penosamente
busca en el exterior se halla encerrado en los tesoros de su alma" (Boecio). El llamado "último de los romanos",
ya que vivió la época del desmembramiento del Imperio, influido por Aristóteles y por Platón en
menor medida, da pie a Don
Gregorio para evocar la necesidad del hombre de encontrarse a sí mismo. En el párrafo anterior Marañón
refiere momentos de
su propia vida: los viajes, la prisión, el destierro y de su contacto permanente con las largas enfermedades


De aquí el hecho indiscutible de que todas las grandes ideas, las que aún mueven el mundo, hayan nacido en los
siglos que
precedieron a la aparición de la Prensa. Ni a Platón, ni a Séneca, ni a San Agustín podemos imaginárnoslos
pendientes dos
veces cada día de esas mínimas e inútiles vibraciones de la actualidad que el periódico nos transmite.
La gran creación de
la mente exige el olvido de todo lo que en la vida no tiene categoría eterna. Y cosas de ésta categoría
no suceden más que
unas cuantas veces cada siglo"

Este artículo está escrito hace casi sesenta años, no obstante, mantiene una vigencia asombrosa. Acción
y meditación, ¿términos
contrapuestos?. Acaso sí. Es dificil en nuestro tiempo, desde la barahúnta de una redacción, el insoslayable
y decisivo horario y los dictámenes del mundo empresarial, que el periodista pueda dedicar mínimamente unos
minutos a sí mismo,
antes de exponer una opinión, un análisis, o, simplemente, elaborar una noticia de agencia. Ese "hacerse
libre",
indispensable para realizar una labor independiente, parece estar muy lejos de lo cotidiano en la profesión periodística.
"La individualidad es uno de los elementos del bienestar" (Stuart Mill. "Sobre la libertad"). Lo patético
es que el ensayo de Stuart Mill fué publicado en 1859, y esa necesaria y libre individualidad, hoy parece una quimera.
El primer protagonista insiste:

-"Abre un tomo cualquiera de esas colecciones. A veces puede leerse un año henchido de sucesos sin que se rastree
una
vez siquiera la huella de lo eterno. Todo esto, todo ese año tan penosamente vivido por muchos hombres, -algunos pensaban
que el año nuevo no llegaría jamás-, es hoy nada, nada. Los hechos que al ocurrir justificaban los grandes
títulos de la primera
plana, apenas flotan en el gran naufragio del pasar. Quizá un menudo suceso escondido en un rincón nos parece
hoy más digno
de sobrevivir, porque en su pequeñez histórica, está transido de humanidad directa. Más aún:
leyendo esta crónica pretérita
y rítmica se presiente que lo más importante para el porvenir no era nada de lo que se suponía, sino
otras cosas íntimas que
escaparon al patrón del interés de cada día.
La vida, hoy, es acción pura, sin el noble contrapeso de la razón. Acaso en esto resida la turbulencia trágica
en que nos
agitamos, odiándonos y matándonos los unos a los otros sin saber por qué. Y a esta acción sin
freno y sin tope nos empuja
el exceso de información, la información de los hechos secundarios, a los que da la actualidad falsa categoría;
y sobre todo,
la esclavitud del pensamiento al ritmo de la noticia periódica, que es incompatible con el libre juego de la meditación.

Según Locke, la razón es "aquella facultad humana por la que el hombre se distingue de las bestias y se
eleva sobre ellas".



Pero no es éste -prosiguió el impugnador- el único inconveniente de la Prensa. Otra es la dificultad
que la hoja diaria crea
para rehacer la Historia en el futuro. La Historia nunca ha sido más difícil de escribir y nunca ha sido más
falsa que a partir
de los tiempos en que hay periódicos. Los dos hemos oído decir a un gran historiador extranjero, autor de reconstrucciones
admirables de los tiempos pretéritos, "que había intentado escribir la historia de la génesis de
la guerra de 1914, y
que había tenido que desistir desorientado por las colecciones de los periódicos. No es -nos decía- que
los datos fueran demasiado
numerosos; lo que no se podía dominar era su incoherencia"

Para Russell la Prensa se ha transformado en un agente de uniformidad, como resultado de causas técnicas y económicas,
y dominado
por los financieros. Esta teoría sería una buena compañera de viaje para el pensamiento marañoniano



Los periódicos están inspirados por un monstruo anormal que se llama la actualidad, el cual, entre otras cosas,
padece de
un defecto de la vista que no sé como llamarán los oftalmólogos; consiste en la incapacidad de apreciar
el verdadero color
y las dimensiones exactas de las cosas. Lo que la actualidad juzga negro, resulta a veces, en la lejanía, blanco como
la nieve;
lo que se creía grande, puede ser un grano de arena, y así con lo demás.


Desde su faceta médica, la crítica es acerva. Esa patología puede ser muy común en algunos medios
de hoy en día, dependientes
de la línea editorial o de otras influencias con más contenido crematístico


En la antigüedad las noticias eran escasas; pero no llegaban hasta el documento o hasta la leyenda -que está hecha
de verdades
auténticas, aunque fermentadas- sino después de una larga destilación, en la que lo accesorio se iba
evaporando. Es probable
que el historiador futuro tenga que prescindir decididamente de los periódicos cuando quiera contar con precisión
lo que
ha pasado en el mundo. Sin darnos cuenta lo hacemos ya así. No hace mucho que nos hemos reunido, tú lo sabes
a escuchar a
un viajero que venía de París. Todos queríamos saber lo que había pasado allí en estos
últimos meses. Al salir de la apasionante
entrevista nos decíamos que lo que nos había contado aquél testigo lo habían dicho en su casi
totalidad los periódicos, y
sin embargo, ahora teníamos una sensación de saber la verdad que nos faltaba antes. No era la sensación
de historia viva,
que la puede dar quizá más un telegrama que leemos cuando aún no ha enfundado su pluma el que lo ha redactado,
o la noticia
que oímos, por la radio, de la propia voz del que la cuenta, sino la sensación de verdad depurada
-aun cuando, posiblemente, deformada por la pasión, que es también historia-; de verdad que en las zarzas del
camino ha ido
dejando las lanas de la actualidad artificiosa y secundaria, como la de los correos que traían a la corte, en los siglos
sin
Prensa, el relato vivido y ya meditado de lo que habían visto."

No podemos dejar de ser fieles a la verdad y recordar la magnífica "Historia de la Guerra Europea de 1914"
de D.Vicente
Blasco Ibañez, publicada por la Editorial Prometeo de Valencia, en forma de revista semanal.

Creyó el segundo interlocutor que el primero había concluido su perorata, e iba a responderle; pero aquél
continuó:
-"Falta algo por decir, y quizá lo más importante. La Prensa diaria ha destruido en su germen seguramente
los mejores
libros de los tiempos modernos al dispersar el genio de los autores en el fuego de artificio del artículo, dolorosamente
repetido,
pagado pronto, y mal pagado a la larga, movido por la necesidad y no por la inspiración. No se ha pensado lo bastante
en la
influencia nefasta del artículo, que salva al escritor del apuro momentáneo con la peor de las usuras, esclavizándole
a vivir
sujeto a él y robándole el espacio y el seso para componer el gran libro, el gran libro que exige el tiempo
entero, sin limitaciones
ni apremios.

Para Unamuno: "el periodismo mata la literatura"

Yo no creo, por todos estos motivos, en la eficacia cultural de la Prensa. Sí en su poder movilizador de la acción.
Suprimamos
con la imaginación el siglo, poco más o menos, que llevan de existencia los periódicos. Es evidente que
la vida política de
la Humanidad sin ellos, hubiera seguido otro rumbo, no sabemos si peor; yo creo que mejor"

La conclusión no puede ser más categórica. Los periódicos han ejercido una influencia desastrosa
en la Historia de la Humanidad
desde que comenzaron a existir; la falta de inteligencia y de razón, la insidiosa modificación de la Historia,
y la castración
intelectual, son las pautas que han dirigido la actuación de la Prensa

Para el primer interlocutor la oposición cultura-prensa es definitiva e irresoluble.

El otro amigo tomó entonces la palabra y dijo así:

-"Tu lamentación se basa en una idea muy difundida entre los hombres de todos los tiempos: la de que la Humanidad
camina
desde el caos y la ignorancia hacia el orden y la claridad. La Historia está llena de trenos lamentosos o proféticos,
como
los tuyos. Muchos son admirables. Estos días, por ejemplo, he vuelto a leer el "Diálogo", de Vives,
que tan grato
nos es a los dos, sobre la "Insolidaridad de Europa". El comentario que sugiere, como todas las grandes profecías,
es que parece escrito para hoy. Si tus lamentos de hoy caen en manos de los lectores de cuatro siglos más tarde, es
segura
que dirán también que parecen escritos para ellos.

Malinowski, en "Una teoría científica de la cultura", concreta que el rasgo esencial de la cultura
tal como la vivimos
y experimentamos se caracteriza por la organización de los seres humanos en grupos permanentes. Eso parece invariable
a lo
largo de los siglos, por lo tanto, es muy posible, que los grandes interrogantes de los hombres, permanezcan inalterables
o sujetos a leves matices durante todo el devenir de la especie humana

Pero la verdad es que el mundo es siempre el mismo, fundamentalmente imperfecto, dañado desde su origen de un pecado
de insensatez
del que sólo remedios divinos le pueden curar. Nada da idea de la grandeza de Dios como el misterio impenetrable de
que el
hombre, ente de razón, tenga por naturaleza ante sus ojos la solución normal de las cosas y sin embargo sea
incapaz, llegado
el momento, de acogerse a esa solución normal, descarriando

invariablemente por el camino del error a sabiendas de que lo es. La contumacia con que esto sucede, el que una y otra vez,
en la ya vieja historia de la Humanidad, los hombres más dotados de razón y de buena voluntad, puestos a regir
el mundo suman
a éste en horas de dolor por errores que cualquier menestral de buen sentido o cualquier desocupado de café
podría evitar,
indica que es Dios el que en sus altos e impenetrables designios les pone la venda en los ojos. Hemos de vivir, y sin aceptar
esto no comprenderemos nada en un dolor fundamental. Y los lentos progresos que la grey humana va alcanzando, se compran con
la única moneda del sufrimiento y de lo que por aquí abajo nos parece injusticia.


En Ortega se encuentra un razonamiento que invita a admitir lo expuesto en el párrafo anterior: "Toda desilusión,
al
quitar al hombre la fe es una realidad, a la cual estaba puesto, hace que pase a primer plano y se descubra la realidad de
lo que le queda y en la que no había reparado. Así la pérdida de la fe en Dios deja al hombre sólo
con su naturaleza, con
lo que tiene. De esta naturaleza forma parte el intelecto, y el hombre, obligado a atenerse a él, se forja la fé
en la razón
físico-matemática. Ahora, perdida también la fe en esa razón, se ve el hombre forzado a hacer
pie en lo único que le queda
y que es su desilusionado vivir"

También D. Miguel de Unamuno declara: "... Y es que en rigor la razón es enemiga de la vida. Es una cosa
terrible la
inteligencia. Tiende a la muerte como a la estabilidad la memoria"


Hay que aceptar la vida como es, y no buscar explicaciones simplistas a las cosas profundas y complejas. En la vida moderna
de los pueblos la aparición del periódico marca una etapa nueva, de tal modo caracterizada por el hecho mismo
de la Prensa,
que resulta pueril querer escapar a su influjo y especular con la hipótesis de lo que sería el mundo sin ella.
No te asustes
de lo que voy a decir: el advenimiento de la Prensa a la vida pública tiene la misma realidad y la misma eficacia transformadora,
al comienzo del siglo XIX, que el descubrimiento de América cunado finalizaba la Edad Media. Cierto que hay gentes
que dicen
todavía que el viaje de Colón fué el comienzo de la confusión del mundo; como otros achacan al
periódico, no los males que
señalas en tu discurso, sino la razón de todos nuestros males. Los dos hemos oído, no hace mucho, viajando
por estas tierras
de Dios, a uno de los más respetables prelados de Europa, que la paz de su diócesis dependía en buena
parte de que la mayoría
de los que la componen sólo leían la "Hoja Parroquial". Todo es defendible. Pero es pueril oponerse
al hecho de
que la Prensa innúmera, caudalosa, cada vez más potente, está ahí; y es tan poco lógico
que desaparezca algún día, como el
que se trague el mar a un continente. Hemos de aceptar, pues, el hecho magno, y sin duda lleno de sentido, de la existencia
del periódico; aunque ese sentido se nos escape y aunque nos parezca mal.

T. W. Adorno es categórico: "La libertad sigue siendo una ambigua promesa de la cultura..."

Es posible que la lectura cotidiana de la Prensa haya disminuido nuestra capacidad meditativa y nos empuje, a veces irreflexivamente,
a la acción. Pero habría que argüir a esto que ya antes de que hubiera periódicos las gentes eran
poco reflexivas. La masa
humana se mueve siempre por el instinto y, en el caso mejor, por la pasión; tú lo decías: nunca, en ningún
tiempo, por la
reflexión. En el "Diálogo", de Vives, leemos que en la guerra civil de las Comunidades -que él

presenció- el pueblo, que luchaba con tanto encono, no sabía por qué luchaba. Lo terrible es que los
hombres, en cuanto que
somos masa, no sabemos nunca por qué hacemos las cosas. Si nos flamean desde un periódico o desde un banco de
la calle una
bandera, corremos detrás de ella sin reflexionar si es buena o mala. No se trata ya de que haya tiempo o no para meditar;
es que el hombre, en cuanto masa, es incapaz de meditar. El hombre liberado de la masa, ése sí, procederá
siempre por reflexión
con Prensa o sin ella. Además, ¿quién asegura de que en la etapa actual del mundo no sea necesario un
predominio de la acción
sobre la razón?. Volvemos al tema eterno: nada se compra sin dolor; y dolor., dolor merecido,
Imagen